MUELLE
13
OBRA
ESTRENADA EN EL REPERTORIO ESPAÑOL DE MANHATTAN EN 1999 EL 15 DE SEPTIEMBRE
DE 1998 Y GANADORA DEL EDWARD & SALLY VAN LIER DIRECTING FELLOWSHIP
SINOPSIS:
Comedia negra de cuatro personajes que viven en la ciudad de Nueva York.
Bob,
un hombre de dinero está enamorado de Lola, mujer que reencarna la ciudad de
Nueva York y a la que no podrá conquistar sino a través de su propia vida y
entregándose a los caprichos y desdenes de ésta.
Incluyo
un fragmento de la obra.
Se
encienden las luces del despacho del psicoterapeuta.
James:
Deme la hoja con sus deberes (se la da y se la queda mirando). Aquí no leo
ningún nombre de mujer.
Bob:
Nueva York es una mujer.
James:
No quiero entrar en disquisiciones inútiles acerca de lo que es esta ciudad.
Bob:
Yo tampoco quiero discutir (se levanta). Sólo la quiero a ella. No puedo
apartarla un segundo de mi mente. Apárteme de los demás pensamientos que me
impiden imaginármela nítida. Hágame un absurdo test.
James:
¿No ha probado nunca a acariciar a un hombre? Eso le ayudaría a olvidarla. Déjeme
que le bese.
Bob:
Creo que me dijo que era yo el que me enamoraría de usted.
James:
Yo no estoy hablando de amor, sino de una experiencia pasajera.
Bob:
¿Eso soy yo para usted? ¿Una experiencia pasajera? Soy su paciente hasta que
yo lo diga. Y deje de proponerme estupideces.
James:
Ya le advertí que mis métodos son muy avanzados.
Bob:
Serán muy avanzados pero de momento prefiero que me bese ella.
James:
(levantándose y gritando) ¡Pero qué fijación con esa mujer! ¡En toda mi
carrera, jamás me había encontrado con alguien tan persistente como usted!
¡Ella es la causante de su malestar, de su claustrofobia, de las jaquecas de
su madre y del glaucoma de su abuelo! ¡Sueltela ya!
Bob:
No se cura la claustrofobia destrozando el ascensor. Eso lo debería usted
saber perfectamente, por lo menos
como psicólogo.
James:
Es que no me deja entrar dentro suyo.
Bob:
No soy esa clase de hombres. Nadie entra dentro mío.
James:
Pruebe entonces a besarme usted. Hágalo aunque sea a cambio de una sesión
gratis.
Bob:
Puedo pagar todos sus besos si los quisiera, pero para mí no valen
James:
Es capaz de atropellar las vidas que hagan falta con tal de salirse con la
suya y curarse, ¿no?
Bob:
¿Estoy atropellando a alguien?
James:
Está atropellando mi profesionalidad. ¿Cómo puedo rogar por su alma si está
así de arisco?
Bob:
Si me va a montar un número porque no le beso, lo hago y listo.
James:
Para mí sus besos tampoco significan nada, mi trabajo es ayudarle.
Bob:
Entonces escúcheme y déjese de esas ideas tan modernas. Dígame cómo puedo
seducirla.
James:
Regálele la libertad. Así es como yo seduciría a mi mujer. Le regalaría la
libertad y se la envolvería con un papel y un lazo.
Bob:
¿Y por qué no lo hace?
James:
Mi libertad no la quiere.
Bob:
¿Cómo se regala a alguien la libertad?
James:
Exactamente no lo sé, pero si se tratara de mi mujer, lo haría con palabras.
Las palabras a ella la pueden.
Bob:
Ahora sí que me está ayudando. En realidad los psicólogos deberían
llamarse consultores; deberían ser personas sabias destinadas a ayudar a los
que cojean. No sé si estoy hablando de usted exactamente, pero lo que me
propone puede servirme.
James:
Le ayudo a base de deprimirme. Usted se salva a costa de mi integridad.
Bob:
A veces atropello sin querer, soy un hombre muy duro...Siga hablándome de
eso.
James:
¿De qué? Mire que su tiempo se está acabando. Llego a casa agotado y con
esa dichosa mujer del muelle en el cerebro. Haga el favor de curarse pronto.
Bob:
Pero dígame eso del regalo que me aconseja que le haga.
James:
Mire, déjela marchar. Así es como conservo yo a mi mujer.
Bob:
¿Su mujer se le escapa?
James:
Digamos que hacemos trío con su libertad.
En el muelle número trece. Bob le da un paquete a Lola. Ella lo coge y
se lo queda mirando sin abrirlo. Se lo pega al cuerpo, como si se lo estuviera
probando.
Bob:
Toma, esto es para ti (Lola lo coge y se lo mira sin abrirlo).
Representa la última entrega del mundo, el último regalo.
Lola:
Espero que no sea el Apocalipsis.
Bob:
Es algo mucho mejor.
Lola:
No quiero abrirlo todavía pero es muy bonito. Quiero que cargues siempre con
esta caja, como si esta caja fuese yo.
Bob:
Puedo cargar hasta con tus pecados.
Lola:
Una mujer como yo puede crucificarte.
Bob:
Soy judío.
Lola:
Por eso lo digo.
Bob:
Tus deseos son órdenes para mí y tus ideas la legión que encabeza el ejército
del mundo.
Lola:
Entrégame esta parte del Hudson y házmelo beber de un trago, después me
besas y me dejas que te ahogue.
Bob:
Eres realmente perversa.
Lola:
Y eso no es nada. ¿Quieres que lo abra?
Bob:
Cuando lo abras, quiero que lo tengas para siempre.
Lola:
Si ha de ser para siempre prefiero esperar. Las cosas eternas me asustan. El día
que me lo ponga no me separaré de él jamás.
Bob:
Un dramático jamás.
Lola:
Y si no es dramático haré que lo sea y si tengo que pegarte para recordar el
infierno que me apetezca inventar lo haré también. Recuerda que de la rosa
soy la espina y del deseo soy el fuego en el que se consume.
Tocarme es consagrarse al dolor y al llanto.
Bob:
Qué mal te vendes. Pues aún así y todo te sigo viendo como una golosina,
una heroína, una diva.
Lola:
Soy una semilla cubierta de hormigón y luz; soy la síntesis de lo que todos
quieren y de lo que todos huyen. He sido imperfecta y desgraciada; ahora soy
imperfecta y feliz.
Bob:
Sólo una mujer como tú puede hacer cambiar el rumbo de mi vida. Estoy
cansado de lo que tengo y de lo que represento. Dame un lugar en tu obra.
Lola:
(mirando hacia otro lado, como recitando) Nada cambia, todo permanece. Todo
pace callado en los bosques, los parques y los cines. Y ni siquiera el
silencio ensordece.
Bob:
¡Oh!
Lola:
(tirándole la caja) ¡Llévatelo fuera de mi vista! Tengo que regresar a mi
jaula antes de que amanezca.
Bob:
Llévame contigo en el recuerdo.
Lola:
Yo no recuerdo. En cuanto hayas desaparecido no serás ya nadie para mí. Como
polvo viniste y en polvo te devuelvo.
Bob:
¿Cómo?
Lola:
Tu puesto lo ocupará el baile que siempre permanece. El baile y algunas dosis
de vacío.
Lola
empieza a caminar alejándose de él.
Apartamento
Lola y James.
Lola:
Hueles a hombre.
James:
Tú hueles a Hudson.
Lola:
He estado en el muelle número trece con un hombre y una caja.
James:
Lo del hombre puedo llegar a entenderlo, pero lo de la caja tendrás que
explicármelo.
Lola:
Es una caja regalo; una caja sorpresa. Es lo que más quiero que sea, por eso
no lo he abierto. ¿No crees que los regalos no deberían abrirse nunca?
Mantener la ilusión sobre los envoltorios y los lazos y no ahogarla nunca con
nuestras manos.
James:
Con la de tiempo que te pasas en la calle lo raro sería que no te
hicieran
regalos.
Lola:
¿Es esta una escena de celos?
James:
No, pero si te apetece podemos tener una. ¿Qué hacías en el muelle con un
hombre y una caja?
Lola:
Tengo que explicártelo todo dos veces para que lo entiendas. ¡Me aburre tu
jaula!
Lola
se va hacia la ventana, corriendo como una niña con trenzas y la abre
de
par en par.
Lola:
Ven aquí, cariño y arráncame la ropa, tengo calor.
James
se acerca, la besa. Se cambia la luz. Suena una música romántica.
Lola:
Hazme sentir otra, llámame con otro nombre.
James:
Ernesto.
Lola:
Era de esperar algo así.
James:
Quería decir Ernestine.
Lola:
(con frenesí) Vuélveme loca, arráncame la lengua.
James
se detiene y la mira. Los dos se miran.
James:
(alejándose) No sé hacer eso.
Lola:
Cuanto más te alejas de mí, más te acercas a un hombre. Por eso quieres ir
a Ohio (apaga la música y se pone los zapatos). Quieres huir de lo que más
te puede y yo formo parte de ese escape.
James:
¿Se puede saber adónde vas ahora?
Lola:
A dormir.
James:
¿Con los zapatos?
Lola:
Quiero dormir con los tacones, como las amantes de los héroes que morían con
las botas puestas.
James:
No tienes cura.
Lola:
(acercándose a él violenta) No intentes curarme; tus labios no saben curar.
Eres un marido convencional sumergido en una vida convencional y con
pensamientos y sueños convencionales.
James:
Qué aburrido es ser tu marido y tener que oír la misma cantarela todas las
noches (se meten en la cama) Apaga ya la luz y descansa (se apaga la luz).
Lola:
Las luces de la ciudad nunca duermen, solo reposan.
James:
Reposa, entonces. Qué pesada me resulta tu neurosis.
En el parque. Lola y Tainy. Lola tiene unas gafas de sol.
Tainy:
Mi marido ya no es un hombre, ha perdido todo interés por mí.
Lola:
Quizás sea culpa tuya. Deberías hacer un viajecito a Brasil y reconstruir
ese cuerpo sin ideales.
Tainy:
¿Cómo te atreves a decir semejante barbaridad?
Lola:
Habrás dejado de ser una mujer para él. Esas cosas pasan y son muy
entendibles.
Tainy:
¿Puede suceder eso?
Lola:
Cosas peores he visto.
Tainy:
¿Cómo qué cosas?
Lola:
Ahora reciclan las dentaduras postizas, una niña parió detrás de un
contenedor de basura, la lluvia ácida. Todo se viene abajo. Somos monadas a
las que un día se nos dio vida. A algunos nos dieron sólo la vida y a otros
además les dieron el dinero para comprarla.
Tainy:
El recalentamiento de la Tierra, el deshielo de Groenlandia, la subida del
mar. Pues no parecías ser tan culta.
Lola:
Tú sí que te estás recalentando y nadie recicla nada por ti.
Tainy:
Eres una víctima más del West Side. Me gustaría ayudarte. ¿Quieres pasear
a Superman de cinco a seis cada tarde?
Lola:
¿Superman es una serpiente?
Tainy:
¿Qué te hace pensar eso?
Lola:
Las mujeres como tú siempre tienen serpientes.
Tainy:
Porque son muy caras...Superman es mi cachorrito, mi bebé.
Lola:
Prefiero pasear a tu marido.
Tainy:
(levantándose ofendida) Mi marido está más que paseado.
Lola:
Me acabas de decir que no hace sus necesidades como debe.
Tainy:
Lo decía para hablar de algo, para pasar el rato.
Lola:
No intentes hacerme un nudo en la mente.
Tainy:
¡Un nudo en la mente! ¡Tú lo que estás es superpoblada! (se marcha y deja
a Lola sola)
Sala
de psicoterapeuta. Bob lleva el paquete.
James:
La próxima semana me va a hacer la siguiente tarea.
Bob:
La próxima semana me voy con mi mujer a Cancún.
James:
¿A hacer qué?
Bob:
A coger taxis, está harta de pasear.
James:
Si usted se marcha, el que acabará haciéndose el psicoanálisis seré
Bob:
Puede venir con nosotros, está invitado.
James:
Ya no puedo hacerle el amor a mi mujer.
Bob:
Haga el favor de levantarse de ahí y sentarse aquí (se intercambian el
sitio) Ahora repítame eso.
James:
Ya no puedo hacer el amor con mi mujer, tiene complejo de metrópoli.
Bob:
¿Ha besado alguna vez a un hombre?
James:
Suelo hacerlo a menudo.
Bob:
¿Se va con hombres por despecho?
James:
Debo confesarle que estoy enamorado de usted.
Bob:
Todo el mundo se enamora de su terapeuta, es algo normal. Le voy a recetar
unas hierbas (escribe) Para la manía persecutoria de quinto grado unas
infusiones de ortigas.
James:
(levantándose) Levántese de mi silla. No tiene usted categoría profesional
para ocupar ese puesto (vuelven a sus respectivos lugares) ¿Qué es lo que
lleva en ese paquete?
Bob:
¿Qué paquete?
James:
Ese que lleva.
Bob:
Es algo que le he regalado a mi amada.
James:
Eso de amada es un vocablo que tiene que empezar a cambiar ya. Estamos a las
puertas del dos mil y usted está pensando en sacar a bailar a una prostituta.
Bob:
(gritando) ¡Le prohíbo que hable así de ella!
James:
¿Cómo se llaman las mujeres que frecuentan el muelle número trece de
madrugada?
Bob
no contesta. Se hace un silencio.
James:
Si se lo ha regalado, ¿qué hace con él?
Bob:
Me ha pedido que lo cargue yo porque quiere que se lo regale cada noche hasta
el día que lo abra. Es como un carné que me da acceso a su vida y a sus
pensamientos.
James:
¿Cómo anda de dificultad respiratoria?
Bob:
Así así.
James:
¿Sensación de ahogo?
Bob:
Menos que antes.
James:
¿Sentimiento de irrealidad?
Bob:
Durante el día, cuando veo a mi mujer.
James:
¿Hormigueos en manos y pies?
Bob:
Sólo hormigueos en pies, cuando estoy en una misma postura mucho
tiempo.
James:
(levantando la cabeza) Esa amada suya es una diva.
Bob:
Es un capricho urbano.
James:
La ciudad es el problema. No se enamore de ella o le devorará.
Bob:
Yo soy ella.
James:
(levantándose) Yo también soy ella (se quita la camisa y se queda en
sujetador)
Bob:
Así podría besarle (James se va hacia la ventana y la abre) Haga el favor de
acercarse (se acerca como hipnotizado) ¡Hágame brutalmente el amor! (la luz
se atenúa).
Escena
en el parque. De nuevo Lola y Tainy.
Tainy:
Mi marido no sabe hacerme el amor. O no sabe o se hace el tonto. Voy a tener
que buscarme a un caribeño para que me ponga al día.
Lola:
¿No será que le dedica demasiado tiempo al perro?
Tainy:
No es un perro, es mi bebé. En su boca, la palabra perro suena tan
callejera...
Lola:
Acaba de cagarse en la acera y como no recoja rápido los zurullitos te van a
poner una multa.
Tainy:
No se dicen zurullitos, sino caninos.
Lola:
Lo que sea.
Tainy:
¡Qué poco sabes de multas! Yo soy una mujer de la cúpula, ¿no lo
entiendes? A mí no se me ponen multas. Las multas son para gente como tú que
vive de aquí para allá, esquivando los centavos y viviendo de lo que dice,
si es que vive.
Lola:
Haces muy mala cara, pareces una víctima de un desastre nuclear.
Tainy:
¿No te acabo de decir que no hago el amor con mi marido? ¿O es que estás
pensando en otras cosas?
Lola:
Pienso en lo que me apetece. Para eso es un parque público.
Tainy:
Claro, porque vives una vida bohemia de crápula, disipación y vicio y aún más
no
se podría decir que se te ve tan bien (señalándole) Mira estas patas de
gallo, parece que te agarren de ahí cuando te hacen el amor.
Lola:
La gente infeliz es la que más me ataca. Si fuera de noche te hundía en el
mar.
Tainy:
¿Por qué me llamas infeliz? ¿Sabes lo que cuesta todo lo que poseo?
Lola:
Seguro que es más barato que todo lo que poseo yo. La virtud es el oro de los
corazones.
Tainy:
Quiero ver recibos, pruebas. Lo tuyo son todo teorías.
Lola:
Hay muchos recibos que tus ojos no pueden ver. Si un recibo para ti es una
evidencia mírame aquí sentada, viva y hablando contigo. ¿No te parece
demasiada prueba esa?
Tainy:
Yo te puedo presentar hasta el recibo de mi alma, no sé porqué tú no puedes
hacer lo mismo.
Lola:
En nuestra diferencia está la indiferencia.
Tainy:
Te noto algo levantisca esta mañana. Se oye un silbato. Un policía con el
zurullo en la mano a lo lejos. Tainy se levanta y le da unos billetes. El
policía se mete el zurullo en el
bolsillo.
Tainy regresa.
Tainy:
Puedo pagarlo todo. Puedo hacer incluso que envasen las caninas de Superman y
las vendan como especias de un país exótico.
Lola:
Eso es lo que me fascina de esta ciudad. Hasta la basura está protegida por
una buena marca.
Tainy:
(indignada) Si no te gusta esta ciudad, ¿por qué no te marchas?
Lola:
He dicho que me fascina y no he mostrado ninguna inclinación hacia
Tainy:
Con la mueca que has hecho lo estabas diciendo.
Lola:
Hágale una mueca así a su marido, quizá la complazca.
Tainy:
Es capaz de internarme si le hago o le digo una milésima parte de lo que
usted me dice. No está acostumbrado a que sea una mujer independiente.
Lola:
A ti no te conviene ser independiente. Mujeres como son las culpables de la
lluvia ácida y de la subida del nivel del mar.
Tainy:
Con eso de ser independiente me refería a otra cosa. ¿Por qué lo lías
todo? Te lo haces venir todo perfectamente a tu discurso. Ahora me dirás que
no soy dueña de mí porque no voy acostándome con los marineros del puerto.
Lola:
Si me haces caso me lo agradecerás. Vuélvete loca, eso le pondrá a
Tainy:
Si me vuelvo loca la que no se excitará seré yo.
Lola:
Tú no necesitas excitarte. Cualquier bolsa de Madison te pone caliente.
Tainy:
(se levanta) ¡Me estás poniendo enferma de verdad!
Lola:
No resistirás mucho sana.
Tainy
se marcha orgullosa. El policía se acerca, se para delante de Lola con el
zurullo de Superman en la mano.
Policía:
Su perro acaba de defecar delante de un portal. Son doscientos dólares más
impuestos.
Lola:
(sin inmutarse) Esa mierda está ya seca.
Policía:
Págueme la multa o le suspendo la residencia ahora mismo.
Lola:
(levantándose y caminando sin mirar atrás) Me presentaré a la próxima
lotería de visas y entonces yo misma me cagaré enfrente de su puerta.
Policía:
(con el zurullo en la mano y sin saber qué decir) ¡Grosera!
Lola
y Bob caminan solos, de noche. Bob lleva el paquete debajo del brazo.
Lola:
Dame la caja, quiero llevarla un rato yo (se la da y siguen caminando) ¿Oyes
como todo duerme?
Bob:
El silencio no duerme, simplemente está tomando impulso para dar el gran
salto.
Lola:
Tienes razón. Es la primera vez que tienes razón (empieza a llover)
Bob:
¡Corramos que nos mojamos! (se detiene cuando se da cuenta de que Lola sigue
caminando a su paso)
Lola:
Quiero mojarme. Dejemos que sean ellos los que se vayan. No cedamos porque la
ciudad no quiere que lo hagamos.
Bob:
(regresando con ella) ¿Puedes oír los deseos de la ciudad?
Lola:
Puedo incluso olerlos.
Bob:
¡Qué rebeldía tan extraña la
tuya! Rebélate ante el sistema, pero no bajo la lluvia.
Lola:
(cogiéndole) ¡Mojémonos juntos! La sala del psicoanalista.
Bob:
(oliendo la caja) Ayer llevó la caja ella. Todavía huelo el perfume de sus
manos.
James:
(mirando el reloj con fastidio) Le queda media hora para seguir oliendo.
Bob:
Me queda lo que yo diga que me queda.
James:
No se ponga flamenco que le mando encerrar.
Bob:
Los hospitales de la ciudad son míos.
James:
Pues qué bien, ¿quiere que abra la caja yo?
Bob:
Usted dedíquese a hacer su trabajo.
James:
¿Cuántas veces al día piensa en ella?
Bob:
De doce a quince, pero son momentos largos
James:
(apuntando) ¿Sufre espasmos intestinales?
Bob:
¿Puede ponerse de pie un momento? Quiero ver su cuerpo entero.
James:
Ya iba siendo hora (se levanta) ¿Qué le parece?
Bob:
Dese la vuelta.
James:
¿Ya? ¿Tan rápido?
Bob:
Solo quería verle. Siéntese.
James
se sienta.
James:
Por tratarse de usted voy a omitir lo que en su caso debería tratar, pero
dado a que me ha alegrado el momento se lo voy a pasar de largo.
Bob:
¿Y qué era eso?
James:
Bombardeo de estímulos externos.
Bob:
Apunte algo para usted: sudoración excesiva, temor, debilidad y mareo.
James:
Veo que sabe del tema.
Bob:
Conozco los argumentos del deseo.
James:
No son argumentos de deseo, sino síntomas de angustia.
Bob:
También conozco ese tema.
James:
Por eso la angustia ha venido a su encuentro. Si no supiéramos de muchas
enfermedades no las padeceríamos nunca.
Bob:
Y la angustia ha venido en forma de mujer y no podía ser más hermosa. Las
enfermedades del alma pueden tener su cura en el mismo mal que las provoca.
Necesito un beso suyo para curarme de sus mismos besos. Necesito sus caricias
para liberarme de sus caricias. Bob y su esposa de día por la calle.
Tainy: Quiero ese vestido, esas botas, ese bolso. Quiero la cuarenta y ocho y Madison, la estación de la cuarenta y dos y los cisnes de Central Park. Quiero una cocina nueva, un barco de vela y una cámara de video digital. Quiero u