Las noches de Wally y Cornelia - Relatos - Juan Riquelme
 


LAS NOCHES DE WALLY Y CORNELIA

 

 

 

El escenario es una cama. Sally y Wally están acostados boca arriba y tapados hasta el cuello.

 

Wally: ¿Durante todo este tiempo has dejado de quererme alguna vez?

 

Cornelia: (algo resignada) No, Wally, no...en ningún momento. Simplemente no puedo dejar de quererte

 

Wally: ¿De veras?

 

Cornelia: De veras, Wally, de veras

 

Wally: ¿Ni siquiera una vez?

 

Cornelia: Ni siquiera una vez

 

Wally: ¿Y cuando...?

 

Cornelia: Ni siquiera entonces

 

Wally: Podía haber...

 

Cornelia: Exacto, podías haber girado a la derecha en lugar de seguir todo recto pero en la derecha no había una casa, digamos que el camino correcto era seguir hacia la casa, fuera de la carretera. ¿Cuando hemos tomado, acaso, el camino correcto? ASí que continuaste recto. Perfecto. Hiciste de mí una amargada..

 

Wally: ¿Fue nuestro primer accidente o el último?

 

Cornelia: Primero, último, ¿qué importa? A menudo confundo mi almohada con un muro o una piedra...Por aquel entonces tenía una auténtica nariz, como Elga. Tan noruega, tan ella misma. ¡Echo tanto de menos Suecia, Wally, tanto...

 

Wally: Todavía la tienes...Me refiero a la nariz, aunque haya cambiado ligeramente. Un agujero con un pequeño marquito, es una nariz original. Nunca he visto una cara con esquinas y ahora...¿sabes? eres una caja...diferente, única.

 

Cornelia: No es diferente, no es una nariz. Es una adaptación animada que después de nuestro segundo accidente...

 

Wally: ¿Qué pasó en el segundo accidente? ¿Es que acaso los cuentas?

 

Cornelia: ¿No te acuerdas ya?  No teníamos suficiente dinero para dibujarme la cara entera. Fue horrible.

 

Wally: Como no me voy a acordar si era yo el que conducía

 

Cornelia: Nos estrellamos contra un árbol y perdí mis labios.

 

 

Wally: Vamos, vamos, Cornelia, no seas exagerada, tampoco tenías tantos, ¿no crees? La realidad es que de Elga no tenías ni la nariz ni los labios. ¡Elga! ¡Elga está hecha de ceros y unos! La primera mujer digital del Bronx, eso es Elga. Qué heroína. Y, dime, ¿qué es lo que tanto echas de menos de Suecia si ni siquiera sabes dónde se encuentra Bombay.

 

Cornelia: No me importa lo que digas ni tus burlas. Los labios que tenía los perdí.

 

Wally: Prefiero los que tienes ahora. Son más reales.

 

Cornelia: Ahora ni siquiera tengo lo poco que tenía y cada vez que pronuncio una “i” o una “u” me desmonto o me dan náuseas.

 

Wally: Claro que todavía tienes labios y si no son los mismos te digo que estos de ahora realzan más tu sonrisa.

 

Cornelia: Mi patología está en pasar de la seriedad a la risa nerviosa.

 

 Wally: Nunca sonríes y si lo haces me pones más nervioso que otra cosa con el crujir de los tornillos.

 

 Cornelia: Después del tercer accidente mi cara se volvió completamente plana y dejaste de amarme. Creo que no pararás hasta que me vuelvas a subir a otro coche.

 

 Wally: Me es imposible conducir sin piernas y si tengo que darle al acelerador con mis manos me perderé el paisaje.

 

Cornelia: Pero trataste a tirarme por un barranco, ¿te crees que no me di cuenta?

 

Wally: Voy a intentar dormir un poco más. Dormirse es irse. Es como una muerte limitada.

 

Cornelia: ¿Crees que alguna vez alguien vendrá a rescatarnos de esta cama? Empiezo a tener hambre.

 

Wally: No creo, todo el mundo se está mudando a Florida pero si gritas fuerte tu vecina puertorriqueña vendrá a ver qué pasa y te liberará.

 

 Cornelia: ¿Liberarme de qué? Nunca me fié de mi vecina puertorriqueña. No se quita nunca los rulos y va siempre en zapatillas.

 

Wally: Tarde o temprano alguien vendrá. No es tan fácil dejar Nueva York.

 

Cornelia: Cuando vengan estarán ocupados.

 

 Wally: Así es Nueva York. Durmamos y si no nos despertamos no me importaría.

 

Cornelia: Wally, ¿por qué no me matas?

Wally: Porque no puedo moverme.

 

Cornelia: Puedo colocarte encima mío y con tu boca me tapas la respiración.

 

Wally: Eso no es matarte, es darte un beso. No puedo, no puedo ni besarte ni matarte. ¿Qué haría después con el cadáver?

 

Cornelia: Te he pedido que me mates, no que me eches.

 

Wally: Los cadáveres apestan.

 

Cornelia: Entonces probablemente ya estemos muertos.

 

Wally: ¿Ves alguna luz? ¿Algún familiar que te viene al encuentro?

 

Cornelia: Sólo veo seres que se van.

 

Wally: Se habrán dejado algo. Tú espera que pronto regresan.

 

Cornelia: Quiera o no tengo que esperar...No puedo dormir, si por lo menos pudiéramos ver una película...

 

Wally: Se nos estropeó la antena con las tormentas. Hay que subir y ponerla en pie, sólo cogemos canales del lejano oriente.

 

Cornelia: Sí, ahora mismo subo levitando.

 

Wally: Te voy a dejar hablando sola.

 

Cornelia: Pero despiértate y charlamos otro rato.

 

Wally: Si no me despierto qué más da.

 

Cornelia: Tienes razón.

 

Wally: Nadie nos echará de menos.

 

Cornelia: Yo sí.

 

Wally: Sí…¡Suecia!

 

 

 

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© Juan Riquelme, 2004